RECONOCIMIENTO A LA HEREDERA EN LA COMUNIDAD

Zaragoza se vuelca con Leonor y abraza a la heredera: "¡Que viva la Princesa!"

La heredera al trono del Reino de España se da un baño de masas en la plaza del Pilar con un millar de asistentes que pudieron saludar y estrechar la mano con Su Alteza Real en "un día histórico para Aragón"

Leonor jura bandera y se entrega al "cariño" de la tierra aragonesa

Leonor venera a la Virgen del Pilar entre vítores y palmas: "¡Es historia!"

La princesa Leonor saluda a los zaragozanos que se han acercado hasta la plaza del Pilar.

La princesa Leonor saluda a los zaragozanos que se han acercado hasta la plaza del Pilar. / LAURA TRIVES

Parecía una mañana más en el entorno de la plaza del Pilar de Zaragoza al entremezclarse los hosteleros que organizaban las mesas de las terrazas y los trabajadores más madrugadores paseaban los cortados y los chocolates en el primer descanso laboral. Las furgonetas de MercaZaragoza merodeaban las inmediaciones del Mercado Central con la intención de descargar fruta, verdura y demás viandas, una estampa de lo más cotidiana a excepción de la circulación del vehículo de la Unidad de Subsuelo y de la vigilancia de los canes de la Jefatura Superior de Policía de Aragón que aventuraban el carácter extraordinario de una jornada que aguardaba paciente la venida de un día histórico. No era para menos ante la inminente llegada de Leonor de Borbón y Ortiz para recibir el Título de Hija Adoptiva de Zaragoza y la Medalla de Aragón una vez que ya había sido condecorada con la Medalla de las Cortes de Aragón.

Pero, hasta la aparición de Su Alteza Real, la plaza del Pilar fue un remanso de paz. Varios grupos de turistas chinos y nacionales se pasearon más seguros que nunca en pleno corazón de la capital aragonesa al quedar flanqueados por un séquito de policías nacionales y locales. Entre locales y foráneos se fueron colando un buen puñado de curiosos que, a mitad de la mañana, ya superaba la barrera del millar para no perderse la llegada de Leonor. Todos ellos aguardaron atentos la irrupción de la Dama Cadete Borbón hasta que fue recibida por la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, para acceder a la casa consistorial, estampar su firma en el libro de honor y recibir el título de Hija Adoptiva.

No se hizo de rogar su salida a la plaza del Pilar, donde volvió a ser recibida al grito de «¡guapa!» hasta que se acercó a los asistentes para saludarles y estrecharles la mano en su camino a La Seo, tercera y penúltima parada del recorrido previa al cóctel final en el Museo Alma Máter. Atrás dejó para la posteridad, entre ellas, el saludo a un bebé con una madre radiante de alegría que postró a su hija ante la Princesa como si de una veneración se tratase. Nadie quería dejar pasar la oportunidad. Todos la aclamaban.

En La Seo pronunció su primer discurso público y se definió como «una aragonesa más» antes de sortear el protocolo –«una maña más», agradeció– y recorrer los entresijos de la catedral, epicentro del Reino de Aragón como el templo en el que se coronaban los Reyes años ha. No transcurrió más de media hora hasta que Leonor volvió a darse un baño de masas, aunque en esta ocasión devolvió las muestras de afecto con la mano y asintiendo con la cabeza a varios metros de distancia. De ella se despidió el público entre vítores, palmas y algunos vivas a España y a la Corona entre los que ondeaban banderines de la rojigualda por encima de una ola de móviles que quería captar cada uno de los movimientos de la Princesa.

«Me gusta mucho la familia de la Corona. A Felipe, que por entonces era Príncipe, le conocí de niño en la montaña porque venía a esquiar a Candanchú», dijo una anciana que se despedía de una compañera de primera fila a la que había conocido en esa misma espera. «Leonor es muy maja, pero... ¡la tenían que haber pasado otra vez por la plaza del Pilar», bromeó esta mujer mientras recordaba otros momentos similares al conocer a la Familia Real en Jaca. «¡Por entonces no iban tan agobiados!», exclamó.

Otra mujer se enorgulleció de haber estrechado sus manos con Leonor, según ella, una chica «muy guapa» y «muy simpática». «Me gustan los Reyes que tenemos y quería ver a la Princesa en persona porque es un día histórico para Aragón. ¡Que viva la Princesa!», gritó la señora. «Ha merecido la espera para verla de cerca», prosiguió.

Ambas formaban parte de la comitiva que pudo ver y saludar a Leonor antes de su entrada en La Seo, pero los más rezagados tuvieron que esperar a que finalizara el acto de entrega de la Medalla de Aragón. No tuvo tanta suerte un matrimonio zaragozano que desconocía la celebración del acto institucional y les pilló por sorpresa en el salón de casa con la televisión encendida. «Hemos salido corriendo y ya no hemos llegado», comentaron entre risas, a lo que añadieron: «Es muy maja la chica y se lo merece. Ha tenido salero para hacer todo lo que le han mandado en la Academia y ha tirado adelante con todo».

Otro confesaban que no sabían «nada» –«nos lo hemos encontrado al bajar hasta el Pilar», dijeron–, aunque fueron víctimas de la curiosidad para arremolinarse junto a los más previsores. También aprovecharon para tomar esa foto que les habían suplicado «algunos familiares», pero sin chiquitas, porque ya les había saltado la alarma de la hora del vermú. «Yo soy mucho más de cerveza, pero vamos a echar algo que esto ya ha terminado», aseveró un varón. Y es que, a esa hora, el corazón de Zaragoza retomaba la normalidad de un martes laboral con las primeras cañas y vinos y los últimos paseos de la mañana. Ya no había rastro de Leonor. Solo un mar de recuerdos tras entregarse a los brazos de la Princesa.